Resumen

Título REIMPLANTE URETEROVESICAL LATEROLATERAL NO TRANSECTANTE POR ACCESO DE GIBSON
Área temática Trauma y cirugía reconstructiva
Expositor Dr. IGNACIO ROJAS CASTIGLIONE
Autores Ignacio Rojas Castiglione, Clínica Alemana de Santiago, Santiago - Chile
Ignacio Eltit, Clínica Alemana de Santiago, Santiago - Chile
Rodrigo Chacón, Clínica Alemana de Santiago, Santiago - Chile
Álvaro Saavedra, Clínica Alemana de Santiago, Santiago - Chile
Resumen

Introducción:

El reimplante ureterovesical (UV) latero-lateral (LL) ha surgido como una alternativa eficaz al reimplante término-lateral, especialmente en contextos complejos. Al ser no transectante permite preservar la integridad anatómica y vascular del uréter, lo que se traduce en menor tasa de necrosis, estenosis y fístula. Además, mantiene la longitud ureteral, reduciendo la tensión sobre la anastomosis, facilitando el procedimiento quirúrgico y mejorando los resultados funcionales. El reposo ureteral —consistente en retirar todo dispositivo que cruce la estenosis y mantener drenaje por nefrostomía al menos 4 semanas— permite resolver el edema, mejorar la maduración de la lesión y optimizar las condiciones para una reconstrucción definitiva, aumentando el éxito quirúrgico y reduciendo complicaciones.



 



Métodos:

Presentamos el caso de una paciente de 44 años con múltiples cirugías abdominales previas, quien desarrolló una fístula ureterovaginal izquierda posterior a una histerectomía laparoscópica. El primer intento de reimplante UV izquierdo por acceso de Gibson se realizó a los 17 días de la lesión, un momento subóptimo, ya que se recomienda intervenir antes de los 7 días o después de los 30. Así, este procedimiento fracasó, evolucionando con hidronefrosis izquierda. Tras un mes de reposo ureteral con nefrostomía, se realizó un segundo reimplante utilizando técnica latero-lateral no transectante, reutilizando el mismo acceso de Gibson, pero con una incisión más corta.



Resultados:

La cirugía se llevó a cabo sin complicaciones. La técnica no transectante permitió conservar la vascularización y longitud ureteral, facilitando la anastomosis y reduciendo la manipulación tisular. En el seguimiento postoperatorio al mes, la paciente presentó una evolución favorable, sin signos de complicaciones clínicas ni imagenológicas.



Conclusión:

Esta técnica constituye una técnica segura, efectiva y menos invasiva, particularmente útil en escenarios quirúrgicos complejos. Esta técnica permitió preservar la anatomía y vascularización del uréter, facilitando una anastomosis sin tensión y mejorando los resultados funcionales. El fracaso del primer implante se asoció a un mal timing quirúrgico, enfatizando la importancia del momento adecuado para evitar el riesgo de fracaso. Además, quedó en evidencia la relevancia del reposo ureteral, al mejorar las condiciones del tejido antes del segundo intento quirúrgico, aumentando la probabilidad de éxito de la cirugía.